jueves, 6 de noviembre de 2014

Catalunya y el #9N (Nou ena)



Catalunya y el #9N (Nou ena)
Les debo una explicación a algunos estimados colegas, familiares y amigos que desde la Jornada del 11 de septiembre  pasado, el día en que Catalunya festeja su fiesta nacional, (Y creo que desde hace más tiempo) me han pedido mi opinión acerca de lo que está ocurriendo con los catalanes. (Cuestión en la que, aclaro, no soy experta) Me disculpo, porque no ha sido por negligencia u olvido que no la he querido dar, si ciertamente me he ocupado en resolver las preocupaciones y responsabilidades cotidianas y esto ha hecho que deje de lado esta que también es mi obligación como historiador, la de difundir y compartir información. He tenido también, por lo mismo del oficio, mis prejuicios al momento de dar mi opinión de manera abierta porque creo que profesionalmente hay que mantener una cierta objetividad y distancia ante lo que está ocurriendo para poder emitir un juicio lo menos apasionado posible (Tarea difícil). Catalunya se está preparando para vivir una jornada de referéndum el próximo 9 de noviembre y lo que debió haber sido una consulta ciudadana emanada y protegida por la constitución española, es ahora un consulta sin valor legal debido a la petición que el gobierno español, liderado por el Partido Popular (heredero directo de la política franquista)  le hizo al Tribunal Constitucional para que éste suspendiera en forma cautelar la ley que permite hacer consultas ciudadanas. De tal suerte que la solicitud que el pueblo catalán le entregó el 11 de septiembre de 2013 a su Parlamento (Después de haber organizado la cadena humana que cruzó todo el territorio de la provincia), para que organizará la consulta quedó sin el amparo del gobierno autónomo de Catalunya debido a que éste tuvo que acatar la sentencia del Tribunal. Pero  a pesar de lo anterior, como este deseo de saber si los catalanes quieren ser un estado independiente o no, no fue una iniciativa que se originó desde los curules sino desde la voluntad ciudadana, la organización de la consulta continúa y esto es el punto nodal que en estos momentos se está defendiendo, el derecho ciudadano a decidir, independientemente de los resultados, y que el gobierno español ha impedido. 
El crecimiento del independentismo catalán de los últimos años se deriva básicamente de situaciones que han afectado principalmente la economía y la cultura catalana. Por medio de recursos impuestos por parte del gobierno central ante el Tribunal Constitucional español se le han ido quitando funciones al gobierno autónomo que tienen que ver con la administración de sus propios recursos, el Estatuto de Autonomía (con el que se gobierna Catalunya) se ha ido recortando cada vez más haciendo que crezca la inconformidad por la centralización de funciones públicas, existe un déficit fiscal que le significa a Catalunya estar colocada (según datos del 2010) en la tercera comunidad autónoma que más aporta a España y en cuanto a dinero que recibe del gobierno central está en la décima posición. Lo que significa, según el periodista Jordi Barbeta: “[…] que Catalunya paga más porque es más rica, pero después de contribuir con el resto de España, cada catalán de media se queda más empobrecido respecto a la financiación autonómica per cápita que los habitantes de las comunidades a las que ha tenido que ayudar.”[1]
Otra cuestión que  ha sacado a los catalanes a las calles ha sido la promulgación de la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) que obliga a la escuela catalana a castellanizarse en un 25%, además de que “[…] posibilita que una familia pida en una escuela que el castellano también sea lengua vehicular, y si la Generalitat no le ofrece una pública, le pagará una privada.”[2]
El independentismo catalán no es un fenómeno generalizado ni ha existido siempre. Catalunya históricamente ha pasado por diferentes procesos que la han puesto en distintos niveles de autosuficiencia frente al gobierno español. La identidad nacional catalana, como la conocemos y denominamos hoy en día, se comenzó a construir a finales del siglo XIX, gracias a diferentes factores que la promovieron como lo fue el liberalismo político, el romanticismo literario, la consolidación de los Estados – Nación en Europa y el desmoronamiento del imperio español. Otros factores fueron las confrontaciones y diferencias entre el gobierno central y la entonces provincia catalana. Y me parece mejor dejar al historiador francés Pierre Vilar, hablar de las mismas:
¿Disimilitud entre las estructuras? En Catalunya existen una burguesía activa y toda suerte de capas medias acomodadas, que cultivan el trabajo, el ahorro y el esfuerzo individuales, interesadas por el proteccionismo, la libertad política y la extensión del poder de compra. En España dominan los viejos modos de vida: el campesino cultiva para vivir y no para vender; el propietario no busca acumular ni invertir; el hidalgo, para no desmerecer, busca refugio en el ejército o en la iglesia, y el burgués madrileño, en la política o en la administración; los conservadores condenan la libertad política, y los liberales, el proteccionismo. Dos estructuras, dos psicologías que, polemizando, se volverán más virulentas, una contra otra. […] Así se forman dos imágenes: el castellano sólo ve en el catalán adustez, sed de ganancias y falta de grandeza; el catalán sólo ven en castellano pereza y orgullo.
Un doble complejo de inferioridad- política en el catalán, económica en el castellano- llega a producir desconfianzas invencibles, para las que la lengua es un signo y el pasado un arsenal de argumentos. [3]
Uno quisiera decir que todo esto se quedó en el siglo antepasado o pasado, pero como se puede observar con lo que está ocurriendo actualmente, las diferencias y pugnas, vamos a decir, por las mismas razones continúan, unos porque tienen el poder político y otros porque tienen el económico, el caso es que después de haber vivido una guerra civil, una dictadura y casi cuarenta años de olvido impuesto, siguen sin resolverse los problemas básicos de convivencia, de tolerancia a las distintas formas de pensar y de expresarse, así como de respeto. Y el problema básico es este, si la mayoría de los catalanes no quiere seguir perteneciendo al Estado español de acuerdo a como están planteadas las condiciones actuales y aquellos españoles que se sienten completamente identificados con el nacionalismo de Estado no comprenden ni quieren entender el caso catalán, pregunto, ¿Para qué siguen juntos si no quieren hablarse ni escucharse ni negociar? Ciertamente el historiador hispanista John Elliott, declaró en una entrevista que: “Castilla y Cataluña, para bien y para mal, eran parte de un conjunto histórico que funcionó durante cinco siglos, […]”[4] y planteó la existencia del diálogo para poder continuar y un uso de la historia responsable. La cuestión es ¿si existe la voluntad de ambas partes para dialogar?
Me preguntaba un colega, que cuál era mi opinión sobre aquellos catalanes que no estaban a favor de independizarse, a lo que le contesto lo siguiente: desde que España y Catalunya han estado juntas, los catalanes la mayor parte del tiempo se han concebido como tal, pero siempre en relación a su pertenencia a España. Fue el siglo XIX, sus corrientes ideológicas y literarias, así como la industrialización que se produjo en Catalunya las que en mi opinión comenzaron a subrayar y a hacer consiente las diferencias ya existentes entre los pueblos. Entre los catalanes siempre ha habido diferentes formas de pensar, diferentes ideologías políticas y se han tomado diferentes posiciones entre ellos y frente al Estado español, así que no es extraño que hoy en día existan también estás diferencias, lo cual habla de una sociedad plural y eso está bien. Aunque yo creo lo siguiente para este caso en particular, “El que a dos amos sirve, con alguno queda mal”, es decir, me parece que muchos catalanes se han debatido y actualmente se debaten entre dos identidades bien definidas y esto al final sacrificará los intereses de alguna por intentar conciliar las dos. Esto mismo les ha ocurrido a los políticos catalanes, por eso nunca quedan bien con Catalunya por tratar de conciliar sus intereses con España.
La cuestión aquí es una que también planteé en mi tesis de maestría y que si se apuesta a la sugerencia de John Elliot sobre persistir en el diálogo, hay posibilidades de cambiar y replantear un estado de convivencia. A continuación cito parte de las reflexiones finales que propuse en aquel trabajo de investigación con respecto al tema:
Un pueblo (Catalunya) que hoy en medio de una grave crisis económica internacional, de nuevo se siente agraviado en sus intereses por el Estado español y se debate entre seguir perteneciendo a España o independizarse. España ahora se encuentra en una situación económica muy delicada y enfrentándose al dilema catalán, que más debería de ser una llamada de atención para replantearse si realmente las heridas del franquismo se olvidaron y se cerraron: si hay la posibilidad de nuevas formas de gobierno y administración que promuevan la aceptación y la convivencia de un Estado que por la fuerza ha querido homogeneizar o castellanizar a las diversas identidades nacionales que lo conforman, como la gallega, la euskera y la catalana. ¿Es posible un cambio institucional o estructural en el Estado español que permita no sólo autonomías concedidas, sino nuevas formas de convivencia con las pequeñas naciones que lo conforman? ¿Realmente los catalanes quieren independizarse o son las crispaciones del momento las que han agitado los ánimos nacionalistas? ¿Puede hoy en el mundo globalizado preservarse una identidad nacional sin ser incluyente? ¿Catalunya está lista para tener un Estado Propio? ¿Es esto posible?[5]
Creo que la clave está en abrirse a nuevas posibilidades, en hacer un ejercicio de tolerancia y de respeto para que exista un ambiente de diálogo y de negociación. Sin esas condiciones no es posible conciliar, sólo imponer y violentar. 
En otras oportunidades de discusión que he tenido con respecto a este tema se me ha cuestionado el separatismo catalán y se le ha calificado de negativo. Yo quisiera argumentar al respecto, que la institucionalización de los Estado Nación en el siglo XIX ha tenido la intensión de homogeneizar y exterminar a todos aquellos pueblos (comunidades con lengua, cultura, instituciones, formas de organización económica, política y social) que no entraban en el modelo nacional del Estado, algunas desaparecieron, otras están por hacerlo y otras más se han resistido. Estas últimas han tenido la característica de que en los momentos de mayor represión o tribulación, han resurgido con mayor fuerza. Y éste, sin lugar a dudas, ha sido el caso de Catalunya. Y además agregaría ¿por qué querer exterminar o someter una cultura, una forma de pensar, un idioma, y una forma de organización tan particular, tan positiva, tan profunda a otra distinta? ¿Por qué no respetarla y dejarla continuar expresándose y aportándole a otras culturas todo lo que ella pueda dar?
La idea de un mundo sin fronteras, es una utopía válida, por la que hay que seguir luchando, pero que no puede anular la existencia de las diferencias y de la diversidad. Es también una utopía del Estado querer homogeneizar a sus gobernados, la realidad es que se gobierna a una gran mayoría de diferencias que a mi parecer deben de ser respetadas y escuchadas. Y creo que esto es lo que quieren los catalanes que están convocando a la consulta del 9N, se puede no estar de acuerdo con lo que está ocurriendo, pero esto no significa que el fenómeno no exista o no se le deba de dar un espacio de diálogo o importancia.
Agradezco su paciencia y espero haber aportado, para todos aquellos interesados en el tema, más inquietudes y espacios para seguir debatiendo.

Mtra. Núria Galí F.
Alumna del doctorado del Programa de Posgrado de Historia en la UNAM
Profesora de Asignatura de la UNAM
Miembro activo de la Asociación Palabra de Clío, A.C.
México, D.F. 6 de noviembre de 2014



[1] Jordi Barbeta, “Catalunya es la tercera comunidad que más paga y la décima en recibir”, en: La Vanguardia.com, Política, Barcelona, 24/07/2012, http://www.lavanguardia.com/politica/20120724/54328816886/catalunya-tercera-comunidad-mas-paga-decima-recibir.html, consultado en noviembre 2014.
[2] Ivanna Vallespín, “Clamor en defensa de la escuela catalana”, en El País, Catalunya, 14 de Junio de 2014, http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/06/13/catalunya/1402684327_547310.html, consultada en noviembre 2014.
[3] Pierre Vilar, Historia de España, Barcelona, Crítica, Gpo. Ed. Grijalbo, 1980, pp. 105-106.
[4] “John Elliot: Cataluña y Castilla llevan más tiempo juntas que Inglaterra y Escocia”, en La Aventura de la Historia, Madrid, año 14, núm. 170, Diciembre 2012, p. 79.
[5] María de Núria Galí Flores, Tesis para obtener el grado de Maestro en Historia: Revista dels Catalans d’Amèrica, Full Català, Quaderns de l’Exili y Lletres, cuatro revistas del exilio republicano catalán en México (1939-1948), México, UNAM, 2013, p. 179. El texto se puede consultar en: http://132.248.9.195/ptd2013/mayo/095509185/Index.html